El padre Pepe Martín del Campo, de la Compañía de Jesús, comparte en el siguiente texto algunas de las reflexiones que hizo en la homilía de una de las misas en memoria de Arturo.
Creo que en estos momentos lo único que nos puede ayudar es el silencio y el acompañarnos en esta pena tan profunda.
Estoy profundamente indignado y con mucha rabia por la manera en que se le arrebató la vida a Arturo. Un joven que pudiendo hacer su proyecto social en una realidad cómoda, optó por irse a ayudar a los indígenas de Huejutla. Y ahí por estar junto a ellos, le quitaron la vida. Murió trabajando y con los pobres, muy en el ideal de nuestra Universidad.
No es posible seguir aceptando esta violencia en nuestro país.
Tenemos que luchar todos para hacer una historia diferente.
Sin embargo, en medio de la rabia, empiezo a experimentar con muchas dificultades la presencia del Dios de la vida. ¿Cómo leer esta tragedia con sentido? ¿Cómo encontrar vida en medio de la muerte? Alguien me dice que a pesar de todo, ahí esta Dios, el Dios que su última palabra no es la muerte sino la vida. Que me lleva a decirme que el mayor dolor de la muerte, no es morir, sino no haber apreciado la vida en su verdadero valor.
Ese Alguien es Jesús, que, como vimos en el Evangelio, manda quitar la piedra del sepulcro de su amigo Lázaro para poder desatar la vida de su amigo, al que lo quería mucho; así Él me dice que quite la piedra del dolor y del coraje, para desatar el sentido y la vida aún en medio del dolor y de lo absurdo de una muerte como ésta. Ese mismo Jesús también me dice a través del mismo Evangelio de Juan: “hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos”.
Y será así, que podamos ver en la muerte de Arturo, una invitación a vivir con mucha pasión. Arturo era un guerrero, un morro que quería cambiar el mundo. Tenía una cantidad de amigos, vivía con una sonrisa continua, vivía en la pasión del surf, y como me acaba de decir su mama, murió en su mejor ola.
P. Pepe Martín del Campo, SJ
Julio de 2010