Natalia Barragán – 02⁄08⁄2012
Los indígenas de la Sierra Tarahumara, en Chihuahua, padecen no sólo los estragos de la miseria y la hambruna, sino que viven una constante situación de desdén, indiferencia y opresión. Un ejemplo de esto es la oferta educativa en la región, que además de ser "inadecuada" al no responder a sus necesidades culturales, se trata de una reproducción de la que se tiene en zonas urbanas, y si además se suma que en muchas ocasiones es desarrollada por instituciones de carácter religioso, resulta en una fuerte imposición cultural.
"Los programas educativos oficiales, además de tener baja calidad, también reproducen esta nula pertinencia social. Entre la baja calidad e impertinencia social, lo que tenemos es que el resultado educativo es de lo más bajo [...]. Para la cultura rarámuri la escuela tradicional sigue representando algo totalmente externo, no apropiado desde ningún punto de vista. La toleran, pero no les interesa", explicó Óscar Hernández, académico del ITESO y coordinador del Programa Interculturalidad Indígena, del Centro de Investigación y Formación Social (CIFS).
Ante esta situación, el ITESO ha trabajado por más de diez años en diversos proyectos en la Sierra Tarahumara. El más reciente es el arranque en aquella región de la Maestría en Educación y Gestión del Conocimiento, un programa que actualmente ya forma parte de la oferta educativa de la institución.
Se trata de un esfuerzo conjunto del ITESO, la Universidad Iberoamericana (Uia) Ciudad de México y de jesuitas y académicos de la región vinculados con la asociación civil Servicios Integrales Émuri (Siné) para ajustar el programa de la maestría para trasladarla e impartirla a profesores rarámuris y promotores sociales que tengan proyectos en comunidades indígenas de la Sierra Tarahumara.
"Es un programa de maestría, sí, pero lo que decimos es que es mucho más que eso: es un instrumento, un medio para hacer una intervención en una región de estas características [...]. Tenemos una intención clara de fortalecer los procesos sociales específicos que se están dando en la región, no es un tiro al aire", aseguró Hernández.
El programa, que arranca formalmente el próximo 18 de agosto, está divido en doce cursos y será impartido en modalidad semipresencial. Los 19 participantes inscritos –cuatro indígenas y 15 "mestizos"– tendrán dos sesiones presenciales en cada curso que se impartirán en Creel, Chihuahua; el resto se realizará de forma virtual.
Al programa se le hicieron algunas modificaciones para adaptarlo a las necesidades propias de la región, como en lo referente a las asignaturas complementarias ya que estarán enfocadas a la comprensión de la interculturalidad y al desarrollo de procesos metodológicos que faciliten un diálogo entre visiones y prácticas culturales distintas, explicó Antonio Ray, coordinador de la maestría en el ITESO y quien también coordinará el programa en la Sierra Tarahumara.
Además, se hizo un ajuste al ritmo del programa: en lugar de hacerlo en dos años, se ha pensado en completarlo en dos años y medio o incluso tres años.
"Esperamos que a través de este programa se pueda incidir en elevar la calidad y la equidad educativa en la zona por el empoderamiento que supone, no sólo de los estudiantes del programa, sino de sus compañeros de trabajo y de las instituciones en las que laboran", agregó Ray.
Para la operación del programa, el ITESO asume la coordinación y la parte administrativa, además de que aporta la plataforma Moodle, así como al profesor del área de metodología y del curso de inducción a la educación en línea. La Uia Ciudad de México se hace cargo de los cursos del área de fundamentos y de un curso de inducción sobre competencias de lectura y escritura académicas; mientras que a Siné le corresponden los cursos del área complementaria, así como apoyo logístico para las sesiones presenciales, apoyo para la conectividad y de acompañamiento a los estudiantes que tienen poca experiencia en el uso de las tecnologías de la información.
Óscar Hernández explicó que en paralelo a la impartición del programa se busca formar un "consorcio interinstitucional" con el objetivo de impulsar este tipo de iniciativas a largo plazo y darle a los indígenas de la zona la formalidad que requieren. "Pensamos en ir creando una figura de centro educativo y de investigación, que pudiera ser flexible, que no tuviera un único lugar físico".
Foto: cortesía de Óscar Hernández