El reloj de la Catedral de Guadalajara marca casi las 11:00 horas. Decenas de personas vestidas elegantemente entran para ocupar las bancas de las primeras filas. Treinta y cinco hombres que están alrededor de los 70 años de edad portan traje y corbata, están de fiesta. También los acompañan sus esposas, hijos, hijas, nietos y demás familiares. Sus sonrisas delatan alegría. Celebran los 50 años de haber concluido sus estudios y de formar parte de la primera generación de estudiantes egresados del ITESO, de la universidad que abrió sus puertas en septiembre de 1958 en una parte del segundo piso del edificio Independencia, ubicado en el centro de la ciudad.
A las 11:07 del sábado 13 de abril suena la "Misa de coronación" de Mozart interpretada en un órgano, fabricado hace 120 años en París, Francia. La potencia de su sonido retumba en los rincones del recinto y hace cimbrar el piso. Lagrimas empiezan a escurrir de los ojos de los primeros egresados, después su emoción se mesura y miran al frente con orgullo. Los turistas que visitan el templo se asombran del sonido del órgano, así como de los instrumentos y voces del coro que acompañan la misa.
Jesús Gómez Fregoso, SJ, conocido como el padre "Chuchín", recuerda a los alumnos de esa primera generación que han fallecido: Carlos Hernández, Miguel Ángel Pulido, Enrique Martínez y Emilio Ascencio.
"El ITESO actual les debe mucho a ustedes", expresa Francisco Villalobos Padilla, Obispo Emérito de Saltillo y ex profesor de la clase de "Ética", antes de finalizar la eucaristía.
Se escuchan fuertes aplausos que son cubiertos por el "Ave María", de Franz Schubert, que interpreta el órgano. Los egresados caminan y recorren una y otra banca, se encuentran de frente con sus compañeros, estrechan sus manos y cubren sus espaldas con golpes suaves. Poco a poco salen por la puerta lateral izquierda de la Catedral.
La foto del recuerdo
Varias sillas están dispuestas para que todos sean fotografiados, algunos se acomodan sentados y otros de pie, de fondo queda la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres y el edificio Independencia que albergó a los primeros alumnos del ITESO.
"Recuerdo el sentimiento tan fuerte que había de que lo que estábamos haciendo valía la pena, en ese momento no había reconocimiento oficial, pero tuvimos profesores de primerísimo nivel. Eso fue lo que nos ayudó a alentarnos para seguir", expresa Sergio Ibarrarán Aranda, egresado de Ingeniería Electromecánica, quien desde la rotonda de los Jaliscienses Ilustres mira la fachada del inmueble donde el ITESO impartió sus primeras clases.
Un grupo de siete sube las escaleras del edificio que fue su escuela, la primera vez que lo hacen desde que estudiaban. "Son las mismas", "esto está casi igual", "nunca había vuelto a entrar", se escucha al andar por los escalones. Luego recorren donde estaban sus aulas y pasillos. Salen al patio, "sigue siendo el mismo", dice uno de ellos.
Bajo los intensos rayos del sol hablan de momentos que vivieron ese inmueble, el cual sigue teniendo alumnos, pero que estudian la preparatoria y que ahora son parte de otra institución educativa. "Nos sentimos orgullosos de los que iniciamos como una escuelita parroquial y que termina enuna granuniversidad como lo es ahora el ITESO", afirma Carlos Álvarez de la Peña, egresado de la Ingeniería en Electromecánica.
De regreso a la universidad
"Bienaventurados los que sin ver creyeron, bienaventurados los que viendo siguen creyendo", menciona el rector del ITESO, Juan Luis Orozco, SJ, para referirse a los primeros egresados de esta casa de estudios, quienes sin tener la garantía de que obtendrían un reconocimiento oficial que validara su paso por la educación superior, decidieron estudiar en la nueva universidad privada de la ciudad. Los egresados escuchan, sentados bajo un toldo blanco, colocado en frente del edificio donde está la Rectoría en el actual campus de la universidad.
Ahí, agrega que este primer grupo de estudiantes que cosechó el ITESO ha dado como frutos profesionales el haberse comprometido responsablemente con su ser y su quehacer con la sociedad, "que han contribuido a mejorar la vida de quienes los rodean, que han buscado el bien de los demás y que han luchado por el avance de justicia y la instauración de mejores condiciones de vida para la población de Jalisco y del mismo México".
"En esta piedra se encuentran los nombres de los fundadores y de los primeros egresados del ITESO", reza la leyenda que está inscrita en una de las piedras de la fuente que se encuentra enfrente del edificio de Rectoría.
Después de las palabras del Rector, Pedro Ramírez, director de Relaciones Externas, toma el micrófono y pide a dos hombres que quiten dicha piedra para sacar la cápsula del tiempo que se mantuvo guardada 50 años. Al sonido de un pico y martillo, quienes están sentados en las sillas más alejadas de la fuente, se levantan.
Fijan la mirada en la piedra, sacan un cilindro de madera con una tapadera. Lo golpean una y otra vez, todos ven con expectativa. Finalmente abren la cápsula. Hay dos pergaminos con los nombres de los primeros alumnos de la universidad y de los empresarios que fundaron el ITESO, a los que Ramírez Rivera da lectura. Emocionados, los egresados y sus familiares aplauden.
Más tarde cada uno de los presentes que figura en esa lista registrada hace cinco decenios recibe una foto enmarcada del edificio donde estudió, que fue la primera sede de la Universidad Jesuita de Guadalajara.
Salvador Ibarra Álvarez del Castillo, egresado de Ingeniería Civil, menciona que el ITESO tiene que seguir apegado a las orientaciones fundamentales que le dieron vida: "Formar personas de éxito pero con valores y compromiso social para México. Sé y confío que nuestra universidad seguirá comprometida con todos sus alumnos para seguir formando personas con ética profesional, pero sobre todo con ideales, responsables, humanitarios y con un gran sentido de la igualdad y la justicia, como lo logró con su primera generación".
Pasadas las 15:00 horas los egresados se trasladan a los jardines donde será la comida de celebración, detrás del edificio donde se encuentra la Rectoría. "Es una gran alegría que estemos vivos, unos más panzones, otros más pelones, pero todos nos acordamos de las experiencias. Nos acordamos de cosas graciosas y de otras que sufrimos", expresa Claus Tiessen, egresado de la Licenciatura en Administración.
A un costado de las mesas, observan con calma las fotografías que tomaron durante el viaje que hicieron confines académicos a Estados Unidos, en el verano de 1963, en una expedición financiada por el Departamento de Estado. Visitaron la Universidad de Harvard, la Universidad de Michigan, la Universidad Loyola, en Nueva Orleans; la sede del Departamento de Estado en Washington, DC; las oficinas de Ford y General Motors, así como la construcción del puente colgante Verrazano-Narrows en la ciudad de Nueva York, que conecta los distritos de Staten Island y Brooklyn.
"Los caminos de Dios hacen que toda empresa que valga, cuesta mucho y necesita mucha tenacidad y firmeza para no doblegarse ante los obstáculos que en la vida tiene, toda empresa de carácter de servicio social", comenta Francisco Villalobos Padilla.
Alrededor de las 19:00 horas la jornada concluye, después de una presentación de diapositivas, en el Auditorio M, con la que a través de semblanzas recordaron a los alumnos de carreras como las ingenierías Civil, Electromecánica, Química y la Licenciatura en Administración.
Foto: Luis Ponciano